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REDES celebró el pasado 22 de noviembre una jornada de formación de voluntariado, en esta ocasión sobre los temas de género y ecología. Un momento para reflexionar sobre los procesos de acompañamiento  del voluntariado en nuestras entidades.

 

Tras unas palabras de bienvenida de Manolo Bretón, Presidente de Cáritas Española, en cuya sede se ha celebrado la formación, Marita Guerra, experta en género y desarrollo de la Fundación Juan Ciudad, y Andrés Álvarez, coordinador de los cursos de Ecología Social de Ecologistas en Acción, han dinamizado la sesión.

 

 

 

Revisando las 4 fases que suele experimentar un voluntario internacional al llegar a su destino, hemos compartido cómo la perspectiva de género puede estar presente en ellas. Sin duda, el género tiene algo que decir en la inculturación: ¿Cómo vivir en ese nuevo contexto concreto, como varón y como mujer? Por ejemplo, ¿a qué hora del día aparecen o desaparecen las mujeres del espacio público? ¿Qué limitaciones vitales sufrimos: qué como o qué no puedo comer, cómo tengo que cubrir o descubrir mi cuerpo?

 

Desvelábamos algunas trampas: A mayor pobreza, más desigualdad, ¿más machismo?, ¡qué fácil nos es señalar los machismos en las culturas que nos acogen…! ¿y en las nuestras de origen? Tendemos a pensar en la cultura como algo estático, que “es”, pero sería mejor hablar de tradiciones, como elementos estables y pesados, frente a las culturas, como entramados dinámicos que evolucionan.

 

 

 

Reconocíamos el poder de las imágenes que dejamos introducir en nuestras conciencias, pues una vez que elegimos mirar desde un punto de vista, ya no podemos renunciar a esas “gafas”. Ante una situación social, podemos preguntarnos ¿quién se beneficia de esta forma de mirarla? En este sentido, la perspectiva de género no se fija en dar la vuelta a la tortilla, sino en velar porque se conceda el mismo valor a todas las personas, especialmente las más vulnerables.

 

Y el enfoque ecológico se ha complementado con el anterior. Esta sociedad nos estamos dando cuenta que nuestros hijos no van a vivir mejor que nosotros. De nuevo, nos enfrentamos a varios mitos o trampas: “Si algo es bueno (como el asfalto), más de lo mismo siempre es mejor (vivir rodeados de asfalto)”; el mito del crecimiento sin límite, en un planeta que, por supuesto, tiene límites físicos; lo difícil que nos es percibir los cambios graduales (una rana puede morir abrasada “al baño María” en un calentamiento gradual, pero escaparía de un salto al ser arrojada a una olla hirviendo; el mito del PIB como medida de la riqueza, que invisibiliza el valor de los cuidados; la conveniencia de hablar de extracción de crudo o recursos, no de “producción”, pues solo la Tierra y su historia producen minerales.

 

  

 

 

En esta estela hemos revisado las 3 crisis a las que nos enfrentamos:

 

  • ·        la energética. El petróleo se acaba y ninguna otra fuente de energía tiene su versatilidad y usabilidad: aún con las renovables, nuestro modo de vida tendrá que cambiar.
  • ·        La climática. Todos los estudios indican que estamos sobrepasando un punto de equilibrio, a partir del cual los mecanismos de adaptación del sistema planetario ya no nos devolverán al sistema tal como lo conocíamos, sino que nos llevarán a un nuevo equilibrio, en el que, tal vez, la especie humana no pueda sobrevivir.
  • ·        La alimentaria. Nuestro modelo agroalimentario se basa en los combustibles y fertilizantes químicos.

 

El capitalismo nos propone una huida hacia adelante en verde, donde lo ecológico es reclamo publicitario para mantener el mismo sistema. En una dinámica, hemos clasificado distintas acciones, desde “cuidar a un bebé” a “construir una autopista” según 3 escalas: las que más contribuyen al planeta, al ser humano, o al mercado capitalista. Y finalmente hemos analizado que las que más desarrollan el mercado, están masculinizadas (desempeñadas tradicionalmente por varones) y al contrario, las que más contribuyen al planeta y al ser humano, están feminizadas y muchas veces invisibilizadas.

 

¿Qué modelo exporta un voluntario internacional? El sistema capitalista nos ofrece satisfactores de nuestras necesidades que a su vez son inhibidores de otras necesidades, para que necesitemos consumir más (un satisfactor por cada necesidad). Un modelo basado en satisfactores sinérgicos (que satisfacen a la vez varias necesidades) es más respetuoso con el medio ambiente y el ser humano.

 

Así hemos cerrado el círculo. Ante la crisis múltiple y la tentación de la parálisis, la alianza ecofeminista nos invita a caminar juntos luchando. El miedo paraliza solo si no sabes hacia dónde escapar.

 

Fuente: REDES.

 

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