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El 30 de julio la ONU promueve el día mundial contra la trata de personas. Dos entidades de REDES, Fundación Cruz Blanca y Fundación Amaranta, vienen desarrollando un papel destacado en la lucha contra este delito y la atención a sus víctimas, dentro y fuera de nuestro territorio. Otras, como Prolibertas, desarrollan programas de atención a mujeres víctimas de trata, otras tienen religiosas participando en espacios eclesiales internacionales contra la trata, como RENATE o Talitha Kum. Caminan de la mano de otras entidades del sector civil, como CEAR o Amnistía Internacional.

El papa Francisco ha tomado también un papel de liderazgo en esta lucha, como la convocatoria en abril de este año de la Conferencia Internacional sobre la trata de seres humanos, en la que recordó que este crimen atenta contra la misión de Cristo, que es la realización de cada ser humano. “La trata de seres humanos es una de las manifestaciones más dramáticas de la mercantilización de la persona”. En su visita a la amazonia peruana el año pasado, en el lanzamiento del Sínodo Amazónico, denunció in situ la deforestación, el extractivismo y la trata de personas, como atroces rostros del mismo mal.

La trata de seres humanos con fines de explotación sexual es una cuestión de género, porque afecta fundamentalmente a mujeres y niñas por el hecho de serlo; de violencia extrema contra las mujeres y de derechos humanos, porque implica una vulneración gravísima de muchos de los derechos fundamentales reconocidos internacionalmente. 

Aunque la trata está en la agenda política, el tejido social avanza lentamente en la correcta percepción del problema y en tener las claves de una realidad que depende causalmente de factores en los países de origen (vulnerabilidad por género, educación, pobreza…), de otros relacionados con la movilidad humana, otros en los países de destino (precariedad del mundo del trabajo, etc.) y muchos factores globales, como el machismo y la violencia de género. La labor de incidencia busca erradicar las causas que desencadenan esta explotación:

Actualmente nuestras entidades trabajan en las siguientes líneas de incidencia y reivindicación: 

  • Sensibilización a la población en general y a los jóvenes en particular sobre: 
  • La existencia en nuestro entorno de esta realidad, que constituye una de las manifestaciones más crueles de la desigualdad, así como una forma extrema de violencia de género 
  • La relación entre el consumo/demanda de prostitución y las redes de trata en España. El estado español estima que entre el 90-95% de mujeres en situación de prostitución son víctimas de trata con fines de explotación sexual. 
  • Campaña contra la mutilación genital femenina.
  • Formación específica a profesionales sanitarios y policiales.
  • Proyecto contra los matrimonios forzados.
  • Propuesta de Ley Integral contra la Trata de Personas que dé coherencia a nuestro ordenamiento jurídico, actualmente fragmentado y disperso, y a las administraciones implicadas; que incorpore el enfoque de Derechos Humanos, la perspectiva de Género y de Infancia y aborde la trata de manera integral, en todas sus formas, atendiendo a todas sus víctimas.
  • Cruz Blanca trabaja para posicionar el fenómeno de los varones víctimas de trata en la agenda política, invisibilizado, sin plataformas, protocolos ni presupuestos específicos. 
  • Conexión entre la trata de personas y la protección internacional y el asilo (Artículo 46 de la Ley española de Asilo). Por un lado, las personas refugiadas o en necesidad de protección internacional son personas especialmente vulnerables a poder caer en una situación de trata. Por otro lado, las mujeres víctimas de trata que han sido explotadas en nuestro país deben ser reconocidas como refugiadas, porque si consiguen escapar de las redes de trata no pueden volver a sus países en condiciones de seguridad al estar amenazadas.

 

 

 

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