Este año REDES ha sido invitada a compartir el camino sobre Educación Transformadora para la Ciudadanía Global (ETCG) en las jornadas de Confer de los departamentos de Justicia y Solidaridad-Misión y Cooperación.

En una sociedad mundial cada vez más polarizada y desigual, entre la exclusión y la acogida, entre el descarte y la dignidad, Confer nos ofrece un espacio de reflexión e intercambio para poder dar respuesta desde nuestros distintos ámbitos, personales, comunitarios y como ciudadanía. 

En el lema de las jornadas destaca la actitud propositiva que acompaña siempre a la denuncia profética: construir alternativas para la dignidad y la justicia. En un foro de más de 200 religiosas, Marta Moratona (Itaka Escolapios) y Germán Contreras (Acción Marianista) han participado como parte del grupo de ETCG en la mesa de experiencias sobre Derechos Humanos. Derecho de ciudadanía, junto al Equipo de Bangladesh de Lavapiés (Madrid).

La invitación de Confer supone situar en el marco global de DDHH el trabajo que REDES promueve en la educación formal y no formal en la construcción de la ciudadanía global. La voz de REDES procede de la experiencia en la extensa red de colegios de nuestras congregaciones, en la que hemos caminado desde la Educación para el Desarrollo clásica para plantear nuevos modelos en los que prima la capacidad transformadora. Aunque podamos tener la teoría en la cabeza, todavía algunas de nuestras prácticas sirven para mantener sistemas de pensamiento que sostienen las estructuras de desigualdad.

Desde la primera ponencia, de Joan Carrera (Crisis de civilización, valores para el cambio) en varios momentos de las jornadas se destacó la necesidad de promover una educación transformadora, que forme personas capaces de comprometerse con la situación global, capaces de gestionar los bienes relacionales, aquellos que generan y cuidan la vida, acostumbrados a la interdependencia y el apoyo mutuo frente al mito del „hacerse a sí mismo“, y no un sistema que forme simplemente productores-consumidores. Disponemos de modelos de sociedades sostenibles fuera de Europa (el buen vivir de la Amazonía, que ha sido reivindicado en la reciente exhortación de Francisco, o el ubuntu africano...) y, en nuestro territorio, de experiencias proféticas que van dando luz a cómo podrán ser estos modelos. Esto nos debe permitir generar nuevos imaginarios, nuevos relatos (como suele decirse ahora) que nos permitan soñar concretamente esos nuevos modos de relacionarse con los hermanos y con el resto de la creación. Nuevas formas de ser ciudadanos (globales, no de mi pequeño reducto), nuevas formas de ser Iglesia (sacudiéndonos adherencias de la cultura occidental capitalista). Porque la cultura neo capitalista, que va más allá del mero sistema económico, no ofrece más que modelos de persona individualistas, incapaces de afrontar los retos como „nosotros“.

Carrera también apuntó que los valores de las espiritualidades tradicionales (sobriedad, respeto... y sobre todo, la Esperanza) deben ser ofrecidos a los movimientos sociales transformadores como aporte propio de nuestras entidades eclesiales.

En la segunda ponencia, Cristina de la Cruz, nos habló sobre el descrédito de la verdad, insistiendo en que se está imponiendo la toma de decisiones desde las emociones, sin consideración hacia los argumentos. En este ámbito se enmarcan las campañas de ONGD que apelan a los sentimientos sin cuestionar el sistema que genera esas víctimas.

Fernando Vidal, con Democracia y discernimiento nos compartió gran cantidad de datos, tejiendo una madeja que permite entender mejor una variedad de situaciones en distintas esferas, desde lo personal a lo global. Nos invitó así a crear y cuidar espacios de interrelación y convivencia entre diferentes, para conjurar la tentación del gheto en el que todos estamos muy a gusto porque nadie cuestiona nuestro discurso. Porque el gheto siempre lleva a generar estereotipos, polarización y violencia. En medio de los bloques, nuestras entidades están llamadas a ser esos espacios de encuentro entre diferentes, donde podamos afrontar los conflictos con respeto y construyendo ciudadanía, evitando engrosar el negocio del odio, que por supuesto es muy rentable. Así desarrollamos nuestra misión eucarística, permaneciendo en la mesa, cuando otros se quieren levantar, uniendo las manos de los diversos. Fomentar también el asociacionismo, que ha sido golpeado por la crisis ante el repliegue individualista y desconfiado de las personas.

En este panorama, los feminismos son para Vidal la mayor corriente evangelizadora del planeta, al traer al centro la tradición de comunitarismo y cuidados que las mujeres han acompañado en la historia. Esta afirmación nos llevó a la intervención de Carmen Magallón, Ecofeminismo, noviolencia y paz, en la que se comparó la ética de la justicia, basada en la norma y la ley, con la ética del cuidado, en la que se tiene en cuenta el contexto, las relaciones y los afectos, sabiéndonos interdependientes y vulnerables.

En este hilo, Pedro J. Gómez Serrano partió del mito ya mencionado del hombre autosuficiente, que debemos desmontar desde su raíz, pues nadie nos hemos creado a nosotros mismos, todos procedemos de una madre, hemos aprendido una lengua de otra persona... Al principio no está el individuo y sus derechos, sino la relación. Desde ahí fue describiendo el ecohumanismo descentrado, junto a J. Riechman. Descentrado porque no gira en torno a mis deseos (como promueve el neoliberalismo) sino que mira a los otros, al „nosotros“ y, para un cristiano, a Jesús y su Reino.

En la ponencia conclusiva, Patxi Álvarez, incidió en los caminos de esperanza desde a fe. En ellos, como insistía Francisco, es importante saberse en proceso. El panorama de sufrimiento de víctimas incontables, en las fronteras, en la selva, en la guerra codiciosa de África es desolador. Pero en él debemos encontrar los signos de la Historia de la Salvación, en proceso; no perder la fe en la novedad de Dios, que renueva lo que parece perdido; junto a las personas excluídas, pues solo ellas pueden soñar el cambio con fuerza suficiente.

En este punto, Patxi describió el proceso de misión, en el que las entidades de REDES nos podemos reconocer para potenciar las múltiples dimensiones que venimos trabajando y estamos llamadas a profundizar. Ver documento adjunto.

Sus etapas serían acompañar y servir, en las fronteras sociales, con escucha, encuentro, generando lazos y la credibilidad de estar encarnados. En el otro lado, sensibilizar y transformar, como puentes entre la realidad de las víctimas y la de nuestros vecinos, hablando de lo que hemos visto y oído para convertir la cultura, los modos de mirar y de relacionarnos entre nosotros y con la creación. Y en medio, reflexionar, en actitud crítica, cuestionante, repensando nuestra experiencia desde las causas y consecuencias de lo que vivimos.

La Incidencia Política que REDES viene animando en sus entidades socias es parte de este proceso, a la que no debemos renunciar para no perder la capacidad de conversión del proceso completo. Una de las asistentes a las jornadas ilustró con un caso histórico los distintos momentos de este proceso: cómo el acompañamiento y servicio de Montesinos con los pueblos originarios americanos, pasado por la reflexión de Francisco de Vitoria en la Universidad de Salamanca, produjo las Leyes de Indias y los fundamentos del derecho internacional.