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Confiamos en que la situación sanitaria que afecta a España vaya remitiendo, con el apoyo de la ciudadanía hacia las recomendaciones sanitarias.

 Este contratiempo está siendo oportunidad para rescatar valores positivos, como la buena vecindad, la gratitud y valoración hacia los servicios públicos y para fortalecer nuestras autoestima como sociedad que puede unirse por una causa. Como destaca Alboan, es una oportunidad para construir ciudadanía global. Sin duda, también para reconocer nuestra fragilidad como seres humanos. Somos parte de la Creación, en la que estas epidemias no deben extrañarnos. No estamos en la cúspide de la Naturaleza, somos una especie más, aunque muy preciosa, el polvo que contiene los sueños de Dios y que no quedará a merced de los elementos, como ha insistido el Papa en el miércoles de ceniza. Vivir de espaldas a esta realidad, como en los últimas décadas de capitalismo brutal nos ha hecho llegar al ultimatum del calentamiento global. Ojalá que este pequeño ser (hermano virus, diría S. Francisco) nos ayude cambiar de rumbo.

Nos asustamos por poder colapsar el sistema de salud español. ¿Qué pasará con la multitud de países que viven con un sistema de salud colapsado per se? Estos días hablamos con misioneras de nuestras entidades, que anticipan situaciones muy complicadas en sus países de referencia en África y Latinoamérica. En ellos, Fasfi-Hijas de Jesús participa activamente en la prevención de los contagios. Desde Amani-Combonianos y Siempre Adelante-Concepcionistas nos denuncian la falta de transparencia de los gobiernos que declaran públicamente que están aplicando programas de prevención que, sin embargo, son propaganda que no se sustenta en medidas reales por falta de recursos. Se confía en que las altas temperaturas de gran parte de África aplaquen la pandemia, pero África no es un país... Por otra parte, se reconocen los esfuerzos por los que zonas de RD de Congo han conseguido anteriormente hacer frente a otras epidemias con estrictas medidas de prevención. África conoce por desgracia epidemias como el ébola y ha ido aprendiendo a construir estrategias de salud pública.

¿Y las personas „sin país“? El Servicio Jesuíta al Refugiado advierte del impacto de esta crisis en los refugiados. En casa, Sercade se hace eco de la campaña de la plataforma Africagua para difundir la información de prevención sanitaria en las lenguas de sus usuarios, como wolof o soninke.

Vivimos cada día tolerado los 800.000.000 de personas empobrecidas que pasan necesidad en el mundo. Esta realidad no hace cambiar de hábitos a la mayoría de nuestros vecinos occidentales. Pero el temor a colapsar nuestro sistema de sanidad nos hace quedarnos en casa, por cuidar a nuestros compatriotas más débiles. ¿Por qué no queremos, no tenemos voluntad para cambiar de modelo de vida para cuidar a la masa incontable de personas en todo el mundo que viven en estado continuo de emergencia sanitaria, alimentaria, social, política, climática...? Tal vez porque aunque el diagnóstico pueda ser compartido, el tratamiento parece que no. Si el quedarse en casa es la mejor prevención y terapia para superar esta crisis, no tenemos un consenso suficiente para acertar con las medidas necesarias para superar la crisis ecosocial global. A lo mejor no lo alcanzamos porque, mientras este virus ataca hasta a nuestras ministras, el hambre y la exclusión hemos aprendido a mantenerla a una distancia suficiente, al otro lado de la valla.

 Y estemos atentos a cómo quedaremos tras esta crisis. Cómo salgamos de ella definirá el futuro de nuestras sociedades. La pasada crisis financiera 2008-2013 fortaleció aún más al sistema que la generó, aumentó las desigualdades y nos hizo más sumisos al poder de los mercados financieros. 

 

 

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